Los sonetos del estiércol I

A toda velocidad desde el espacio
viene llegando este cohete
al igual que otras cosas, al retrete
salpicando en el agua muy despacio

Todo esto sin mencionar aquel crustáceo
que metía la nariz en su taburete
por metiche recibía buen cornete
quedando malherido en el palacio

donde un príncipe cristiano de finas pieles
prometió con un sable, un cáliz y una cruz
terminar con la plaga de infieles

que con su herejía taparon toda luz
y así los reprimieron de las formas más crueles
y hoy esconden las cabezas como el avestruz.

Anuncios

No me abandones, poesía

No me abandones, poesía
del alma, quedan voces
hilarantes y sutiles roces
muchos azares todavía

quedan recuerdos de otros días
donde escucho cánticos atroces
coros y soy yo que imploro entonces
que no me dejes ahora, poesía.

Hambriento de la muerte y de la vida
me acurruco entre las sombras
gritando con la garganta torcida

y me ves y no te asombras
hasta que te vas quedando dormida
a lo ancho y a lo largo de mis alfombras.

La neblina, clara retórica

© Todos los derechos reservados. Luis Chihuailaf fotos.

La neblina, clara retórica
de tus oscuras indiferencias
se acumula alrededor de mi existencia
varada en esta ciudad supersónica.

Actuar con miedo, sin lógica
demuestra mi absoluta demencia
porque deseo gritar a toda potencia
mi estupidez, dentro de todo, cronológica.

Ya no sé lo que me pasa
¿estaré envejeciendo de a poco?
mi única ciudad es mi casa

y mi casa, el asilo de un loco
que se derrumba en su carcasa
triste, feliz, fuera de foco.

(Fotografía de Luis Chihuailaf
© Todos los derechos reservados.)