Cofradía

Señores: esta ciudad agoniza
es una gelatina inerme
que es la sonrisa del Sr. Alcalde
cuando llega con la policía
y se maraquean en su cofradía enervante
se divierten a costa de nosotros los desposeídos
de huesos mecánicos, de cerebros artificiales
cuando digo desposeídos
quiero decir que jodemos en el carajo:
trono de este mundo de alcantarillados y satélites

En el país de las ratas
el guarén es rey:
punzante su poder absoluto
más rotundo que la nada radiante
que emerge desde los charcos
la porquería es culpable de nuestra rabia
nosotros
hediondos en el vientre
atropellados diariamente por las ruedas del agobio
como fálicas como el placer de pisar grietas desconocidas
y el vecino vuelve a ser el necio
que cree que el Sr. Alcalde puede cagarse en su castillo.

…Llegan las noticias por intermedio de Franco, el cartero
noticias del pueblo, del sitio.
Sus cartas, hermosas misivas
besan los traseros por donde evacúan los turistas
sin posibilidad alguna de acoger a los emigrantes
seres parcialmente aguiluchos
a juzgar por las Nikon y comidas de chatarras
y los pseudo niños que en serio son larvas de otro hocico demente:
ellos penetran por el culo para alojarse en algún hotel de mala muerte
de estrellas y girasoles
botones y parcos recepcionistas con montgomerys,
fuertes de brazos, débiles de aspecto
hábiles en influencias, imbéciles de mente.

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Máscaras

Del otro lado de la ciudad
están tus paradigmas
inofensivos.
Calles, edificios, casas
veredas, cementerios
iglesias, parques
encierran tus transitorias máscaras
de pantera a la luz de la luna.
Tus garras,
municiones de toda fiera
rasguñan mis sentimientos
de transeúnte herido
y mis sentimientos son los sentimientos
de tu ciudad,
pobre y rica
todo y nada.

Noctámbula resaca

Noctámbula resaca,
inopia del destierro,
mi ciudad de fierro
tus calles de cloacas

tienen paredes de alpaca
en el inmensurable cerro
donde siempre yerro,
clavadme la estaca

en el centro del pecho
o pregonadme la muerte
estoy en mi derecho

no tengo otra suerte:
soy el chancho y el afrecho
el más débil y el más fuerte

Aliens

Las palabras son ciudades que hablas
tus ciudades no emiten juicios
segregan circunstancias
en las cuales no es difícil reencontrarme contigo:
como flores azuzenas, no te mueves pero estás
y conversas con personas, son los gritos feroces
de las ciudades cuando se incendian de rabia
y explosionan del amor; esta es la importancia
de vivir de tu salario:
cuerpo enorme e irresistible,
cuerpo humano de tu avaro pensamiento.

Existes porque no te veo, tu palabra de fantasía
es la ciudad de la soledad de quién no puede sentirte
me abrazo al vodka
y ardo dentro de tu ciudad incoherente
que llena en fin mi mundo
de conversaciones telefónicas con los alienígenas.

Ciutat II

El ruido el ensordecedor ruido
de la fábrica
gente como humos grises
saliendo de las grietas
marchan sin saberlo
pisoteando las máquinas.

La humedad los rastrea
en medio de la exagerada indiferencia
un niño acurrucado junto a unas
planchas de zinc
juega a ser grande un día
y yo me juego la vida el futuro
una escondidilla en la oscuridad proletaria.

Quizá en otras circunstancias, reflexione
que para bien o para mal pudimos
ser los personajes en constante
peligro de extinción.

Ciutat I

Mis fronteras limitan con la formidable
estructura de esta ciudad multiforme
donde cada día es un caso
y no son las mismas aguas que anteayer:
el semáforo de la esquina
son tus luces son tus perlas
tus emociones frívolas máscaras
según donde me encuentre yo en ese momento:
me detengo a meditarlo
y casi nunca sale un perro a expiarte.

Tus calles cosmopolitas se propagan
cuando el comercio al menudeo se desnuda
y sin tu consentimiento ellos
en el fondo ellos van reptando
sumergidos en el nuevo devenir de la Avenida Providencia
y yo, como un tonto pasajero
espero que pase el tiempo en que los inútiles
confíen en el trueque.

Recuerdo cada instante
que pude ser el Ruiseñor
el Vendedor de las Orquídeas
el gran Arquitecto del negocio de las Aseguradoras.

Espalda

Espalda del peatón que vegeta
sobre la inercia del tránsito callado
de este par de piernas:
donde vaya no se encontrará con su camino
pero feliz de la vida, seguirá por las aceras:
alguien persigue esta dormida espalda:
El ajetreo incesante y yo
yo y mi tripulación de la calle Providencia
y un futuro que siempre está por verse.
Doblas espalda por estos callejones en sepia
de un Santiago olvidado
cielo amarillo, construcciones de roneo
y te pierdes entre los autobuses
que se apoderan de las avenidas despobladas;
el comercio siempre bosteza luego de las 4 de la tarde
y las transacciones que no hiciste te enmarcan
dentro de la escoliosis de una ciudad-espalda.
Somos los jaguares (risa del padrino)
entre tos y tos, fiebre y sueño:
bostezos cotidianos:
atisbos de autómatas espaldas:
andariveles de la inercia que te fabricaste.