Diecisiete Haikus para abandonar el tabaquismo

Los dos ladrones
miraron a jesús
y se miraron

(Mario Benedetti)

1

Cascada azul
desparramando brisas
regando flores

2

la moribunda
tristeza de las almas
yace sin dolor

3

ni voy ni vengo
sólo estoy perdido
en esta vida

4

Camanchaca gris
fragmento de escarcha
hora de vivir

5

tumbas fantasmas
ciudad de espíritus
sin ataúdes

6

mi fantasía
vaga lejos de mi ser
libre, sin pensar

7

Me atrapaste
en las profundidades
de las sábanas

8

Al igual que tú
yo vengo del útero
(danza del vientre)

9

Nuestra libertad
limita con la nada
nacimos libres

10

Seres inertes
insectos asquerosos
viven la vida

11

Lo reconozco
estoy equivocado
Equivocado!

12

Cómo saberlo
cómo dormir pensando
cuando morirse

13

Estoy perdido
me retracto de todo
voy por mi cuenta

14

Esa guitarra
lloraba hace años
sin cuerdas, muda

15

Poeta menor
escribiendo la vida
se hace viejo

16

Quiero morirme
la vida sin sentido
dame más vino

17

Rara belleza
tiene esta basura
no lo olvides

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11 comentarios

  1. Chicos, aquí quiero escribirles una nota aclaratoria acerca de los Haikus, sobre todo dirigida a aquellos que, al igual que yo, desconocíamos esta sabrosa forma poética, adictiva, atractiva, simple.

    El Haiku es una forma literaria nacida en Japón, compuesta por 17 sílabas (moras), distribuidas en tres versos no consonantes (sin rima), exactamente de esta manera: 5 – 7 – 5 sílabas. Es en general, un canto a la naturaleza, razón por la cual es un objetivo referirse al entorno físico donde transcurre el escrito.

    Nunca antes había escrito Haikus.
    Lo hice hoy, con Diecisiete Haikús para abandonar el tabaquismo, y lo publiqué de inmediato, para saber sus opiniones, y para ver si alguien se anima a escribir el suyo propio, y me lo envía. Debo decir que fue una experiencia muy enriquecedora, no podía dejar de escribirlo ni siquiera en el metro atestado de gente, y el frío tampoco fue impedimento. ¡Atrévanse!

    Bueno, quisiera despedirme adjuntando lo que les explico, pero en palabras del maestro Benedetti, que sin duda lo hace mejor que yo (lo hago en el siguiente post).

  2. Rincón de haikus
    Mario Benedetti, Rincón de haikus, Madrid: Visor, 1999; México: Alfaguara, 1999

    Nota previa

    Hace tiempo que soy lector de haikus, pero confieso que el primero que me sedujo como forma poética se lo debo a Julio Cortázar, cuyo título postumo, Salvo el crepúsculo, fue tomado de un notable haiku de Matsuo Bashoo (1644-1694): “Este camino / ya nadie lo recorre / salvo el crepúsculo”. Años después me enteré de que la traducción pertenecía a Octavio Paz (en colaboración con Eikichi Hayashiya).

    El origen del haiku, con su severa pauta silábica, 5-7-5, se remonta al siglo XVI. Ciertos eruditos lo vinculan formalmente al katauta, un breve poema que oscilaba entre la pauta 5-7-5 y la 5-7-7; otros lo derivan del haikai, que se creaba en grupo y podía tener hasta cien versos. Paulatinamente se fue asentando la forma de 17 filabas, en la rígida combinación 5-7-5, que es sin duda la que produce un efecto poético más impactante. No obstante, hubo al parecer otras formas precursoras del haiku: chooka, tanka, sedooka, y especialmente el renga, canción encadenada, fruto de varios poetas, que vino a introducir un elemento festivo en la literatura japonesa. En todas estas formas aparecen los versos de 5 y de 7 sílabas en distintas concatenaciones, y también se va afirmando el concepto de estación. Vale la pena aclarar que la rima casi no se usa en este envase lírico tan peculiar; en cambio se ha empleado bastante en las traducciones.

    Para esta revisión histórica, recomiendo especialmente el excelente y documentado estudio de Fernando Rodríguez-Izquierdo, El haiku japonés / Historia y traducción, 2a ed. Hiperión, Madrid, 1994 (es autor de diez o doce libros más sobre tema tan especializado) y, para no salir del aporte en castellano, diversos estudios y traducciones de Ricardo de la Fuente y Yutaka Kawamoto (Haijin. Antología del jaiku, Hiperión, Madrid, 1992), y Antonio Cabezas (Jaikus inmortales, Hiperión, Madrid, 3a ed. 1997), así como cuidadas traducciones, casi siempre en edición bilingüe, de autores de haikus como Matsuo Bashoo, Yosa Buson, Issa Kobayashi y Masaoka Shiki.

    En América Latina, el estudio más serio y bien informado pertenece a la puertorriqueña Gloria Ceide-Echevarría: El haikai en la lírica mexicana, Ediciones de Andrea, México, 1967, basado en la tesis doctoral del mismo título, presentada en la Universidad de Illinois en 1965.

    El gran maestro y creador de haikus es, sin lugar a dudas, Matsuo Bashoo, a quien Octavio Paz (en colaboración con Eikichi Hayashiya), dedicó su excelente estudio: Matsuo Bashoo, “Sendas de Oku”, Barral Editores, Barcelona, 1970. No obstante, como bien señala Fernando Rodríguez-Izquierdo (ob.cit.,pág.65), “Bashoo no representa un corte radical con el pasado literario. Su formación estética e intelectual era muy profunda, y gracias a ella había asimilado el espíritu de la cultura del Japón. En haiku, él mismo se reconoce deudor de la escuela Dantin. Bashoo viene a reanimar el haiku, pero sin prescindir de tendencias que ya estaban insertas en su proceso de evolución”.

    Después de Bashoo, viene una larga nómina de autores de haikus: Onitsura (1660-1738), incluso una mujer, Chiyo (1701-1775), Taniguchi Buson (1716-1783), Issa Kobayashi (1762-1826). Ya en el siglo XIX aparece Masaoka Shiki, que después de tantos poetas religiosos, incorpora su presencia de agnóstico (ver: Masaoka Shiki, Cien haikus, traducción y presentación de Justino Rodríguez, edición bilingüe, Hiperión, Madrid, 1996).

    Más cercano a Buson que a Bashoo y aunque sólo vive 35 años, Shiki es uno de los más notables autores de haikus. Ya en el siglo XX, una nueva tendencia, “Shinkeikoo”, hace que los nuevos poetas japoneses se aparten del haiku clásico y su rigor tradicional.

    Desde inicios del siglo XX, el haiku empezó a extender su influencia en poetas de Occidente, en especial el francés Paul Louis Couchoud y el inglés B. H. Chamberlain, así como algunos españoles. Pero sólo influencias. No era frecuente hallar en la lírica occidental (particularmente la parnasiana y la impresionista) la fiel transcripción de la célebre pauta 5-7-5. Ni siquiera en traducciones. En España, y tal como destaca Ricardo de la Fuente, aparecen rastros (sólo rastros) del haiku en los Machado, Juan Ramón Jiménez, Guillen, García Lorca y en particular Juan José Domenchina, autor de un haiku tan clásico como: “Pájaro muerto / ¡Qué agonía de plumas / en el silencio!”
    En América Latina, el poeta más cercano al haiku fue indudablemente José Juan Tablada. No obstante, y como señala Ceide-Echevarría, “no intenta conservar las 17 sílabas del haikai [o haiku] japonés; en sólo tres de los poemas de Un día… se ciñe a las 17 sílabas tradicionales, aunque no a la distribución clásica de tres versos de 5, 7 y 5 sílabas”. Por otra parte, Tablada apela casi siempre a la rima, un recurso normalmente descartado por los poetas japoneses.

    De todas maneras, la introducción del haikai efectuada por Tablada en la poesía mexicana, tuvo influencia en muchos otros poetas de ese país. Cabe mencionar a Rafael Lozano y otros postmodernistas; a José Gorostiza, Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, Elias Nandino y otros “contemporáneos”. También, y fundamentalmente, a Octavio Paz, y, en capas más recientes, Juan Porras Sánchez y Carlos Gaytán. Cabe destacar que la influencia del haiku en casi todos estos nombres fue más bien indirecta. Curiosamente, un sevillano, José María González de Mendoza, considerado mexicano porque vivió largamente en México, gran admirador de Tablada, es uno de los pocos que fue fiel a la clásica estructura del 5-7-5, como en este haiku: “El rojo acento / de tus labios me llama / donde me quemo”, o en este otro: “Mi vida es muda / ni novia ni amistades… / ¡Ah sí! La luna”.

    Personalmente, no he estado en Japón ni conozco su lengua. Tampoco soy un experto en la historia y el desarrollo del haiku. Sí tengo bien leídos y disfrutados, en buenas traducciones, numerosos haikus en la pauta clásica, que es la que siempre me ha cautivado. Está de más decir que, por el mero hecho de presentar en este volumen, más de doscientos haikus de mi propia cosecha, no me considero un “haijin” (así se denomina en japonés al que escribe haikus) rioplatense.

    Simplemente, el haiku clásico, como forma lírica, se me figuró siempre un desafío, tanto por su estructura fija como por su brevedad obligada, que lo hace aún más ceñido que, por ejemplo, el soneto, que en la poética española es tal vez la estructura clásica más rígida. Con sólo 17 sílabas y con una distribución invariable (5-7-5), el haiku es en sí mismo una unidad, un poema mínimo y no obstante completo. De ahí su visión instantánea, su condición de chispazo, a veces su toque de humor o de ironía. Bashoo dejó para la posteridad esta curiosa definición: “Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento”.

    También forma parte del desafío el hecho de que si bien el haiku ha encontrado en América Latina buenos y hasta excelentes traductores, en cambio ha tenido escasos cultores originales. Salvo el ya mencionado Tablada, los otros que se atrevieron con esa pauta lo hicieron muy tímida y esporádicamente. Y aun esos intentos ocurrieron casi exclusivamente en México y cercanías. El mismo Tablada, casi nunca se cinó a la pauta clásica, aunque debe reconocerse que sus mejores logros los obtuvo cuando no se evadió del 5-7-5, verbigracia: “Trozos de barro, / por la senda en penumbra / saltan los sapos”. En Perú, está el caso singular de Arturo Corcuera, que en sus varias veces editado Noé delirante, sin incorporar ningún haiku propiamente dicho, revela una influencia muy bien asimilada, que le conduce a un libro original y chispeante.

    En el Río de la Plata, y en general en América del Sur, el haiku ha sido casi ignorado como lectura (no olvidar al argentino Kazuya Sakai, que sin embargo fue en México donde publicó su libro Japón: hacia una nueva literatura, El Colegio de México, 1968 ) y por supuesto como género a cultivar. Una singular excepción es nada menos que Jorge Luis Borges, que fue un buen conocedor de la poesía japonesa. En 1972 ya había incorporado seis tankas en El oro de los tigres, pero es en La cifra (1981), libro dedicado a María Kodama, donde incluye 17 haikus originales, no traducciones (curiosamente la cifra 17 se corresponde con el número obligatorio de sílabas del haiku clásico), todos con la estructura fija heredada de Bashoo (5-7-5). Hay que senalar que en esos poemas mínimos de última hora hay algunos de notable calidad. A diferencia de Tablada, Borges, cuando elige el haiku, no se aparta ni una sola vez de la norma clásica.

    En mi caso particular, es obvio que no me he puesto a imitar a poetas japoneses, ni siquiera a incorporar sus imágenes y temas preferidos. Apenas he tenido la osadía de introducirme en esa pauta lírica, pero no apelando a tópicos japoneses sino a mis propios vaivenes, inquietudes, paisajes y sentimientos, que después de todo no difieren demasiado de mis restantes obras de poesía.

    Encerrar en 17 sílabas (y además, con escisiones predeterminadas), una sensación, una duda, una opinión, un sentimiento, un paisaje, y hasta una breve anécdota, empezó siendo un juego. Pero de a poco uno va captando las nuevas posibilidades de la vieja estructura. Así la dificultad formal pasa a ser un aliciente y la brevedad una provocativa forma de síntesis.

    Ahora, con el perdón de Bashoo, Buson, Issa y Shiki, ya considero al haiku como un envase propio, aunque mi contenido sea inocultablemente latinoamericano. Y ya que en mi caso no se trata de traducciones, que a menudo exigen matices y variaciones formales que no figuran en la pauta tradicional, he querido que mis haikus no se desvíen en ningún caso del 5-7-5. Esta fidelidad estructural es, después de todo, lo único verdaderamente japonés de este modesto trabajo latinoamericano.

    M.B.
    Puerto Pollença, Mallorca-Madrid, 1999.

    (para ver la nota completa, y los Haikus de M.B., pincha aquí)

  3. I love Benedetti.

    “Quiero morirme
    la vida sin sentido
    dame más vino”

    :).

    Saludoootes mano!

  4. El cultivo del haiku es muy complicado, frente a lo que la mayoría de personas opina. Según H.G. Henderson, el haiku en manos de un maestro puede ser “la esencia concentrada de la poesía pura”, de ahí esa fascinación que sintió la vanguardia occidental. Pero no hay un patrón claro a seguir ya que en cuanto a su finalidad los grandes del género (Bashó, Buson, Issa y Shiki..) adoptaron posiciones distintas: la belleza, el sentimiento, el Zen, el misterio del Universo, la plasmación de un fenómeno de la naturaleza o de trascendencia búdica…. En definitiva, mi teoría sobre el haiku es que cada cuál tiene que realizar su propia interpretación del haikú para llegar a la verdadera esencia del propio haiku. (lo cual, por otra parte, es muy budista)
    Y, verdaderamente, ahí estás tú Denis y eso me alegra muchísimo. Me han gustado mucho. Saludos amigo.

  5. Hola, solo una apreciación, las sílabas se cuentan como en poesía ( la misma métrica), es decir si el verso acaba en una palabra aguda se le suma una, si la última palabra es esdrújula se le resta una, y si una sílaba acaba en vocal y la siguiente empieza en vocal suman una. la_ as tu cia->3 sílabas.
    el sol-> 3 sílabas ….
    Un saludo

  6. Rara belleza-> 5 sílabas
    tiene esta basura->6 sílabas
    no lo olvides->4 sílabas

    alguna más no cumple las condiciones 😉

  7. Querido Denis:
    En primer lugar, muchas muchas gracias por la información previa. La conocía, pero no había tenido la ocasión de leerla con calma.
    En segundo lugar, pensaba advertirte de ese pequeño detalle de las sílabas, pero veo que ya lo ha hecho Fátima.
    En tercer lugar, algunos de tus haikús me han parecido maravillosos. Me he reído mucho con la foto y con el ingenioso título, y después, como digo, me he paseado entre auténticas maravillas. Te nombro mis favoritos:
    4, 7, 14, 15, 17.
    Además, quería decirte que he descubierto un libro que te puede interesar. Se acaban de publicar los haikús de Jack Kerouac. Algunos me han dejado sin aliento.
    Un fuerte abrazo, Denis.

  8. Denis,
    Olvidaba dejarte un haikú de uno de mis autores favoritos: Issa Kobayashi.

    “Kogoto ifu
    aitemo araba
    Kefuno tsuki”.

    “Si tuviera a alguien
    regañaría con él
    bajo la luna de hoy”.

    Apabullante, ¿no?

    Otro abrazo.

  9. Muchachas:

    Agradezco profundamente sus comentarios, críticas, sugerencias, aportes, y todas las opiniones vertidas en este trabajo.

    Para mi es muy satisfactorio este aprendizaje, leí información muy limitada acerca de los Haikus, y no alcancé a terminar de leerlo y ya me vi escribiendo estos proyectos de Haikus, estando seguro que me iba a equivocar, jejej… los corregiré más adelante.

    Perdonen por no responderles antes, he estado expuesto a mucha presión laboral, y el agotamiento respectivo que me impidió seguir trabajando en este blog.

    Saludos, Camila, Rosa, Fátima, Isabel…

  10. Hola;

    Estamos apoyando la campaña en contra del tabaco, y por eso quiero invitarte a nuestra página “Rompe con el tabaco”.

    http://www.new.facebook.com/pages/Si-escuchas-la-llamada-del-tabaco-llama-a-tu-medico/25942878847

    Allí podrás ver unos divertidos vídeos para concientizar a la gente sobre
    los peligros del tabaco. Y si quieres, puedes dejar tu opinión en el muro de la página.

  11. Viviana, gracias por tu comentario.
    Estoy muy cierto que a mucha gente podrían servir tus consejos.

    Lamentablemente, tu causa no es el objetivo de mi poema, mucho menos de mi blog. Pero me simpatiza la iniciativa, a pesar que soy un fumador, en proceso de reducción del consumo de cigarrillos, pero no en peligro de extinsión.

    Saludos, y suerte.

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