La hora de los grillos

La Ciudad.. la ciudad..
todos hablan de la ciudad
y caminan entre sus algarabías
desfilan con el hábito
como ladrones y asaltantes de los sentimientos
y, a la vez, policía de sus soledades
qué ciudad nublada
pero tiene aspecto de mujer
los arcos, veo los grandilocuentes arcos
cuando resplandecen a la hora de los grillos
qué democracia al filo de otras inocencias
al filo de las navajas y al filo de la muerte
al filo de mi risa en el zaguán:
caprichosamente, todo estaba allí,
organizado:
la Plaza de Armas
muchachas semidesnudas
cacareando, lanzando carcajadas
extraño circo, caminantes desbocados
veo figuras, símbolos de patria
guitarras trolebuses andenes hospitales
una mujer
entrando en mi vida
en mi vida
que soy un secuaz de mi propia demencia
y cómplice absoluto
de los años en esta ciudad:
hablo, hablo como ellos
hipnotizados al ritmo de los adoquines
por ese silencio de tempestad
hablo, hablo de la ciudad
de la ciudad que es mi escupitajo,
no sé qué me he figurado.

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