Andén

El tren de las doce deja perfumes gravitados. El público de la función zozobra. Todo parece normal. Hay signos de indiferencia después de la algarabía global. Parece que la gente cacarea al son de los andenes silenciosos a la hora que la ciudad hierve de arquitectura. Las últimas grúas de desembarque optan por inmovilizarse. Los vehículos, decididos, sacuden su alfabeto de bocinas. Pero todo parece normal. Hasta se puede respirar, sólo que el inspector está muerto, nadie lo sabe. Un humo negro llena nuestros conventillos apolillados. En ese momento ellos sienten a Buda. Pero no existen. Bailarán mañana, cuando sea otro día como estos. Y mañana, al fin, podrás abordar el tren que nunca esperaste.

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