Con la velocidad de los farolitos rojos y verdes
que se suceden en todos los extremos neuróticos
desde la ventanilla de un taxi
se ve todo menos claro:
casi amanece
casi percibo tu aroma dormido
de ciudad madrugadora
todo tan solemne
todo tan irritable;
mi borrachera no es capaz de discriminar
entre lo cálido y lo tibio
y sabes delirar en mi pupitre
en el saco andrajoso [...]
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