La Desaparición de las Galaxias

Extasis

Extasis

I

Planetas azules
que destellan en el horizonte
cobre o molibdeno
¿qué será de las sombras?
emergen las flores de agua
hasta desaparecer de la faz de las olas
se quebrantan las altas esferas
donde las lunas y arrecifes
entremedio de su fulgor eterno
salivaban.

II

Algas marinas de Mercurio
que sobreviven a un lado de los juncos incandescentes
ríos de lavas eternas que fluyen más allá del infinito
estrepitosamente vienen a clamar por otras muertes:
muertes ajenas, no el aire o ventisqueros
no llagas subcutáneas y trumao de estrellas muertas
sino la muerte de soles, muchos soles ingrávidos
dispersos en galaxias jóvenes:
vienen a germinar en capullos de alondras disecadas
los trineos aparentes de unos planetas
horriblemente desconocidos.

III

Los planetas más jóvenes y disparejos
se alinean en un espacio gélido
un espacio sin vértices, sin principio
en medio de una atmósfera primitiva
carente de estrellas o piedras
flotaba el lapislázuli aferrándose al adobe del viento
o las máscaras de un acantilado perdido.

El Juicio de las Anémonas

La Época Olvidada

Balcones de mi memoria

Balcones de mi memoria
donde acecha lo irremediable
sobresalen algunas caras
virginales, pómulos blancos
no puedo recordar demasiado
de lo que quizás jamás aconteció
me miro a través de un espejo y pienso
que de alguna manera estoy del otro lado
de la trinchera de mi reflejo
tan sólo otra de esas ilusiones una transfiguración
de un espíritu aún rebelde:
lentamente se van apaciguando
las llamaradas de mi corazón vagabundo
testigo de última fila
de este y otros tantos mundos.

Bandera

Bandera blanca que flamea en los mástiles de su mano,
traedme el placer de su figura, espejo de Narciso donde la veo en mí
apoderándose vaivén tras vaivén de mi fantasía
transformándose paulatinamente en mí
y yo en un reflejo en una pobre sombra;
traedme el tacto, banderas, para manosear el tiempo que se escurre
especie de arenilla que se desliza entre unos dedos congelados
superficie de una mujer que no se mide con los juicios
y quiero manos para escarbar en el bolsillo
buscando algún pálido souvenir que me transporte a lo que recuerdo de ella;
traedme las ansias de remar en contra de su corriente
y no dejarme avasallar por la resignación fácil;
traédme la mirada distinta de sus cosas
donde se puede ascender por las escalas de caracol
que me llevan directamente a una luz cegadora
faros que alumbran acaso ninguna bahía,
sino su silueta de ocaso terrible;
traedme los oídos para escuchar las risotadas y lloriqueos
los cánticos y silencios como un mar o un precipicio,
molinos de río deshabitados, o telas de araña
una paz de iglesia una paz armada
donde combatir y rendirse sin causa,
abatido, herido de muerte
arrastrándome en un sitio eriazo;
traedme la voz, esa voz tan trunca con la que injurio a mis enemigos
y protejo mis egoísmos engarzados en fantasmas;
traedme la sed de justicia
la sed desesperada de justicia
como banderas monumentales que flamean en mis venas en silencio
pero pateando a reventar,
traedme la sed material de la justicia
donde no voy a estar tranquilo sino hasta escucharla
y sentirla y observarla.

Especulación

Su vida, inspirada en la vida de otro, inspirada en la vida de otro,
inspirada en la vida de otro, inspirada en la vida de otro, …………………………………………………….. ……………………………………………………………………………………………………………………………………..
……………………………………………………………………………………………………………………………………..

…………………………………………………………………………………………………………………..,,………………,
………….., inspirada en la vida de otro,
se desparrama un día
cae en una fosa común.

Galería de Imágenes

Galerías de imágenes que se levantan desde nuestras tumbas preconcebidas
como cadáveres escandalosos cubiertos de nada
y que van y vienen con ánimos en el fondo desnudos, pero perfectamente santiguados
exhiben algunas obras maestras menores
dan ganas de bostezar a gritos, igual que un poema pésimo o un beso en falso
-y no por eso menos apasionado-, traen las nebulosas de una abulia pálida,
lo siento, lo siento en el alma por los seres despiertos, lo siento por los abastecidos
de angustias férreas, pero sin embargo, los espectros iban a emanciparse de todos modos
no una sino cientos de veces, digo, bailar a ritmo de una melodía espantosa
tarareable tan sólo por inocuos o, por qué no decirlo, también por nosotros.

Podría releer nada más un par de poetas y sentirme dueño del mundo
tutelar de los axiomas como mis verdades irrefutables, sabido es que la mentira
abunda en boca de los infelices y la veracidad en oídos de unos cuantos inocentes.
Se nos ha permitido reflexionar respecto de casi nada durante períodos interminables
para aquello es que se nos ha bien remunerado, no hay que jactarse:
el dominio del dominio es motivo de una política indistinta de nosotros
pero sinceramente no gocé de la suficiente modestia para ejecutarlo con calma:
quizá convendría criticarnos un poco menos y aprobarnos después de la segunda interrogación
orden en el cual los cristianos se persignan esperando una respuesta clara desde Olimpo,
que desde luego, nunca llegará, pero les da una razón para vivir conformes;
no se crea que es una posición cómoda, pero sí reconfortante.

¡Y cuánta redundancia de precocidad!
Se caen las promesas cuando comienza a asomar la miseria
especie de embarcación donde lo que no flota desaparece de la constelación
de los objetos titulares, la cabeza de un animal dantesco
se materializa o definitivamente nace a la luz de una circunstancia indeleble.

No me aburro de esto, muy por el contrario, me excita la idea de amortiguar
o creer que ciertas intenciones se suavizan, disfrazadas como un caballito de troya
rumbo directo a un paraíso inexistente un sitio imaginario donde los atolondrados son
arrojados con cierta facilidad.

Demasiado tiempo estuvimos encubiertos por una brisa vergonzante
nuestra locura, claramente, es un antifaz donde aseguramos la posibilidad de la duda
y que se revela en un momento desafortunado de la neurosis del mundo
que es la historia más profunda del horror.

Nos escondemos detrás de otros transeúntes ignorantes
lanzando risotadas con aspectos circulares,
pienso que pueden torcerme la mano pero sin la convicción necesaria para vencerme,
y soy el primero en desconocerlo, no bien fui candidato a antagonista de mi propio
melodrama, película de salón donde la introducción es una venda en los ojos
y el desenlace una vela sobre la mesa en una noche de apagones, ruido y canciones
de protesta para mitigar una constante e incisiva soledad.

Polución

Pelicanos en la caleta de San Antonio

Las aves marinas vuelan y se sumergen
en unas aguas atestadas de desechos inorgánicos
una gaviota lleva en el pico una lata de sardinas
-sucedáneo de un desayuno de peces invisibles o inexistentes-
y se aleja con rumbo aleatorio.

En la orilla, junto a la caleta
un grupo de pelícanos compite por adjudicarse
los restos de alimento que arrojan los comerciantes
en complicidad de unos turistas curiosos.
Un pedazo de goma y un trozo de cartón flotan en el mar
quizá avalados por una espuma abundante, amarilla, espesa.

Camino y me sumo a los turistas
que observan la rutina de los pelícanos
mientras respiro un amasijo de olores
entre petróleo, pescado y porquerías.

Entonces decido encender un cigarrillo.

Fotografía de Karina Osorio Cepeda.

Imposibles

1.

Uf, estas ideas locas que se van
corro a toda velocidad
tras de ellas
pero sé muy bien que
no las podré alcanzar.

No voy a comenzar este poema.

2.

Cómo se te ocurre
pensar en mí
si yo no estoy
pensando en tí
estoy pensando en ella
y ella, desde luego,
debe de estar pensando
en tí.

El Metro Baquedano a cualquier hora del día

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